El rostro de la suma perfección,
Apenas recuerdo su contoneo propio de un Dios.
Su silueta engatusa hasta la más bella musa,
Pues lobos como esos viven de corazones abiertos
Al que la magia del cuerpo femenino no esconde secretos
Ya que se graduó en todos mis enrevesados recovecos.
Enredado entre sabanas y botones
Entre bebidas y pieles de sabores
Absorbió hasta el más escondido beso
Que cuyo olor en la almohada quedó preso